domingo, 9 de marzo de 2008

Si algún día te encuentro voy a darte una buena paliza. Toda mi rabia contenida golpeará como solo ella sabe hacerlo. Voy a hacerte daño, mucho daño, casi tanto como el que tú me has hecho a mí. Si algún día me cruzo contigo, no me costará nada reconocerte e incluso mis manos, como puñales, se dirigirán hacia ti clavándose en tu piel. Esa piel que a su vez, tantas otras veces ha matado a tantos otros seres.

Te haré sangrar hasta que estés a punto de desangrarte. En ése momento me detendré, porque intuyo que aún me quedarán algunas cuentas pendientes que saldar contigo. Cuando peor estés, cuando peor te encuentres, te ataré con una soga gruesa, una soga que huela a justicia y que arañe tu piel en nombre de la venganza. La apretaré muy fuerte con tus manos, tus pies y tu cuello. Sin miedo a matarte, hasta que agonices, y entonces te diré nombres, nombres que quizá no le digan nada a nadie, nombres nada más, pero que tú y yo recordamos muy bien, al igual que sus rostros. Rezaré, en ese momento rezaré, para que mientras tu sangre se agolpa ante la prisión de la soga, recuerdes el esfuerzo, el dolor, el llanto, el coraje de cada uno de los seres que se identificaban por esos nombres. Y el de sus familiares.

Si algún día me encuentro contigo, Cáncer, te daré una buena paliza. Te daré tantos golpes como lágrimas me han sido derramadas por tu causa. Y te demostraré que no hay crimen sin castigo.

Llorarás, llorarás sangre. Fría, muy fría, helada, como la muerte, tan cercana a ti.

Firmaré un tratado con Dios para que me perdonen la vida. Haré un tratado con el diablo para que acabe contigo antes de que tu lo hagas con mi vida.

Si algún día me encuentro contigo, cáncer, te daré una buena paliza.

No hay comentarios: