viernes, 26 de junio de 2009


"Toda mi información me trajo a esta ciudad. Si mi amante, mis hermanos, mi familia están en algún sitio, es aquí. Esta es la última ciudad del mundo. Más allá de su puerta roída está el desierto. El desierto se estira hacia el pasado, hacia la historia, hasta el mundo occidental y la fuente de la sequía y el hambre: la enorme montaña de ausencia de amor. Desde sus cumbres, por la noche, los oscuros espíritus de la negación cantan sus impresionantes canciones que encogen el alma. Sus canciones nos roban la esperanza y nos hacen ceder nuestras energías al aire. Sus canciones son frías y nos entregan a la lucidez de morir. Detrás de nosotros, en el pasado, antes de que ocurriera todo esto, había todas las posibilidades del mundo. Habían todas las oportunidades para, partiendo de cosas pequeñas, crear una historia y un futuro nuevos, dulces, si hubiéramos llegado a verlas. Pero ahora, por delante sólo quedan las canciones de la montaña de la muerte. Buscamos a nuestros seres queridos mecánicamente y con una sequedad en los ojos. Nuestros estómagos ya no existen. Nada existe excepto la búsqueda.


(...)


La vida humana, llena de codicia y amargura, confusa, asfixiante, llena de prejuicios e insensible, y agradable también, e igualmente maravillosa, pero... la vida humana me había traicionado. Además, ya no quedaba en mí nada por salvar. Incluso mi alma se estaba muriendo de hambre. Abrí los ojos por última vez. Vi las cámaras sobre todos nosotros. Para ellos, éramos los muertos. Mientras atravesaba la agonía de la luz, los vi a ellos como muertos, abandonados en un mundo sin compasión ni amor. Mientras la vaca deambulaba entre la aparente desolación de la habitación, a la gente que lo estaba grabando todo le debe de haber parecido raro que me hubiera puesto tan cómodo entre los muertos. Pero estaba cómodo. Me estiré y cogí la mano de mi amante. Con una respiración dolorosa y un suspiro y una sonrisa, me dejé ir. La sonrisa debió de extrañar a los reporteros. Si hubieran comprendido mi idioma, habrían sabido que era mi modo de decir adiós."


Ben Okri





domingo, 21 de junio de 2009

Barricadas en un colchón,
sangre por saliva.

Saliva que alcanza cada poro,
que baña cada ápice de esa piel que nos rodea.

Mitin que es una Declaración de Amor.


Que intenta explicar sin ni siquiera entender que es esto de la vida, siempre intuímos que sería un cúmulo de segundos y ahora descubrimos sueños, creaciones, vidas idealizadas: en NUESTRA REALIDAD


Palabras como balas,
caricias por tiros,
gemidos que silencian cualquier grito de guerra.


Por banderas preferimos manchas, en cualquier parte, sin preferencia por camisa ni predilección por una pared.


Funerales por cuerpos dormidos,
descansando, en paz.

Vendiendo rezos sacros.

Sacrilegios llegados de manos
a las que les gustan jugar.


Seres sin cerebro, disfrazados de militares; a cambio de una biblioteca que hace tiempo comenzó a vivir, si bien nació, mucho antes.


Versos por guerras,
besos por odio.

Y en vez de disparos: fuego.

viernes, 19 de junio de 2009

El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.




"Las ciudades invisibles" Ítalo Calvino

martes, 9 de junio de 2009

Él la miro detenidamente. Tenía las piernas largas y delgadas y era más hermosa de lo que recordaba. Puede pasar, aunque no es común, que una mujer se haga más guapa cada vez que cierras los ojos, o cuando le das la espalda, o, en definitiva, entre dos miradas.




Podría morir de frío, Ray Loriga